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TESTIMONIO DE UN NICARAGUENSE
Publicado 11/10/2007 por MANUEL TRUJILLO

Nací hace 47 años en Managua, Nicaragua, a orillas del Lago Xolotlán, en un hogar donde nunca faltó nada. Tuve la dicha de tener unos padres preciosos, abnegados y soy el tercero de seis hermanos. Sin embargo, permítanme contarles que cuando comencé a tener uso de razón, empecé a observar que mi padre sólo furioso vivía, parecía que algo lo atormentaba desde sus años mozos, y ese ambiente en el que comencé a crecer provocó en mí mucho miedo, temores y mucha inseguridad en mí mismo. Estos miedos que yo sentía llegaron a tal extremo que cuando yo estaba en clases y no entendía lo que el profesor explicaba, yo no levantaba la mano para preguntar, pues temía que el profesor me regañara o que mis compañeros de clases se burlaran de mí. Mi padre también me obligaba a que sólo sacara 10 en conducta y no admitía quejas mías de ninguna índole de parte de algún profesor. También mi papá cuando llegaba tomado de licor llegaba a castigar duramente a mis dos hermanos mayores, y era tanta la crueldad con que los castigaba que a mí me hacía llorar y le tenía miedo. El tiempo transcurrió y llegué a aprobar la educación primaria acarreando todos estos miedos, siendo un niño muy introvertido. Asimismo cursé mi secundaria hasta lograr bachillerarme y llegar a la universidad. Ya cursando la carrera de Ingeniería Civil, mi padre por medio de un amigo me consiguió mi primer empleo, y es así que entro a laborar como ayudante de ingeniería y llego a una oficina donde sólo borrachos habían. Lo primero que me dijeron estas personas fue que el primer salario que yo devengara era “bebible”… ¿Cómo es eso? Pregunté yo inocentemente. Ellos me contestaron que el día de pago yo tenía que invitarlos a un restaurante porque si no lo hacía yo no pasaría la prueba. Muy obedientemente yo, el día de pago los estaba invitando a un restaurante, tal a como me amenazaron, y ese día probé mi primera cerveza, pero lo terrible de todo esto fue que me quedó gustando. Y fue así que comencé una carrera alcohólica que duró 24 años. Empecé a darme cuenta que no podía ingerir licor porque cada vez que lo hacía me convertía en un salvaje, en una bestia, en un ser despreciable, en un vulgar de primera. Empecé a irrespetar a mis padres, a no ser el hijo que ellos desearon tener, empecé a ser la vergüenza de mis hermanos, a ser la oveja negra de mi familia, pues empecé a beber los fines de semana primero, y posteriormente lo hacía todos los días. Y la situación en mi casa se tornó cada vez más desesperante, pues llegaba a hacer bochinches, escándalos, irrespetaba a los vecinos y yo era un desastre. A la par del alcoholismo agarré el vicio del tabaquismo y me volví también un fumador empedernido. Cuando ya tenía 4 años de estar con este alcoholismo, un día mi madre ya desesperada por el ambiente infernal que se vivía en mi casa por mi alcoholismo, me enfrentó y me increpó diciéndome que buscara cómo formalizar mi vida, que buscara yo como casarme, pues ya no me aguantaban. Recuerdo que le contesté a mi madre que yo no estaba loco y que por favor no me volviera a mencionar eso porque yo me sentía que estaba viviendo la gran vida y que no pensaba en casarme, y esto se lo dije de una forma vulgar e irrespetuosa. Fíjense que a los pocos meses que mi madre me dijera eso, en ese mismo año, apareció en escena la que hoy es mi esposa: una muchacha de 20 años de edad que venía del interior del país a la capital a seguir sus estudios superiores, a buscar un futuro mejor para ella y su familia. Ella llegó a laborar a la misma institución donde yo trabajaba, y yo al verla, me enamoré tanto de ella que busqué la manera de cómo conquistarla; empecé yo a cortejarla y a demostrarle algo que yo no era. Fíjense que ella al fijarse en mí, lo primero que me preguntó fue que si yo bebía guaro. Claro que se lo negué y cuando estuvimos de novios por espacio de 11 meses, ella se lo creyó, y fue así que transcurrido todo este tiempo, nos casamos. Al casarnos, ella no se imaginaba el calvario al cual estaba entrando, pues yo, antes del mes de habernos casado empecé a sacar las uñas, empecé a demostrarle quien era yo: un verdadero alcohólico; y esta muchacha se llevó la peor decepción de su vida, pues ella venía buscando algo bueno, algo mejor, y ya ven con lo que se fue a encontrar. Posteriormente, nace mi hija mayor Luisa Marcela, quien tiene en la actualidad 20 años, y cuando ella nació, empezó a crecer viendo a su padre cómo llegaba todos los días borracho haciendo escándalos, bochinches, gritándole a su madre, a ella misma, pateando lo que encontrara a su paso, quebrando todo, y esta niña llegó a tenerme miedo, pues cada vez que yo llegaba bien bolo, picado, embriagado, ella se escondía debajo de la cama, esta niña temblaba, vivía en un ambiente infernal. Y yo no medía las graves consecuencias que estaba ocasionándoles a mi esposa y a mi hija con mi mal proceder por el alcoholismo, pues yo notaba que en mi trabajo a mí nunca me llamaban la atención por llegar con aliento alcohólico, de goma o resaca, más bien notaba que en la medida que iba yo avanzando académicamente, me aumentaban mi salario y me promovían de puesto, entonces yo creía que estaba llevando una vida normal. Fíjense que producto de este alcoholismo pasé alquilando casa por espacio de 15 años, jamás me preocupé por comprarles un techo digno a mi esposa y a mis hijas. También me metí a problemas financieros, pues adquirí dos tarjetas de crédito; y ojalá éstas hubieran sido para proveer a mi casa, eran sólo para andar bebiendo guaro, despilfarrando el dinero que no era mío en francachelas, bacanales, pues ya borracho me agarraba por andar invitando a gente que ni siquiera conocía… ¡me convertí en un ladrón de mi esposa y de mis hijas, pues les robé el sustento al que ellas tenían derecho! Llegué a tener problemas de salud, pues como ya no podía pagar las tarjetas de crédito porque estaban topadas hasta el límite, y además que fiaba en las pulperías guaro para seguir bebiendo, esto provocó que padeciera de insomnio e ingiriera pastillas para poder dormir: diazepán, ansiolíticos, calmantes, etc. Ya desesperado por tantas deudas, un día de tantos intenté lanzarme de la ventana del segundo piso de una de las casas que alquilaba. Bueno, así estaba mi vida, y se me presentó la oportunidad de salir de estos problemas… ¿Cómo? Una mañana llegó un ingeniero a proponerme que le hiciera un trabajo: un diseño vial, pues, ésta es mi especialidad. El me pagó como tres veces el salario que yo devengaba en ese momento, pero como siempre, dinero que agarraba, dinero que me lo cruzaba por la garganta en licor. No obstante, al mes siguiente, el mismo ingeniero llegó a mi oficina y esta vez me propuso que renunciara a mi trabajo para que me fuera a trabajar con él a otra institución, en la cual ganaría un salario siete veces mayor que el que devengaba en ese momento y que llegaría a ocupar un puesto en el cual sería jefe de una oficina. Después de pensarla como por espacio de 15 días, y por los miedos que yo acarreé todo el tiempo de mi vida, a mí me costó tomar una decisión rápida y temía que ese ingeniero me estuviera tomando el pelo. Además, el alcoholismo me tenía con el cerebro obtuso, pues yo creía que porque tenía hasta este momento de laborar 13 años ininterrumpidamente, yo no podría tener la capacidad de poder trabajar en otro lado y que allí permanecería hasta que yo muriera. Efectivamente, pasé a laborar para esa institución por espacio de 8 años, y llegué a ocupar un puesto en donde era yo el que revisaba y aprobaba los proyectos viales, y es así que mi alcoholismo creció como una bola de nieve, pues los interesados en dichos proyectos para conseguir algún favor o ayuda de mi parte, ellos me invitaban a diario a restaurantes, bares para beber licor desmedidamente. Las deudas también crecieron de una forma exorbitante, pues ya en este período ya no eran dos tarjetas de crédito las que yo tenía sino que eran cinco, y como siempre, no proveía con ellas nada para la casa y sólo eran para andar bebiendo más guaro y haciendo cosas indebidas y pecaminosas. En este período nace mi segunda hija Marjorie Guadalupe, quien tiene en la actualidad 13 años, y se une al grupo de las personas que sufrieron por mi alcoholismo. Y yo me iba convirtiendo en un ser más prepotente, era más vulgar, era un gran soberbio, orgulloso, vanidoso y cada vez era más insoportable la situación en mi casa porque yo llegaba haciendo más escándalos, ofendía al vecindario, había convertido mi casa en un infierno. Ya en este período llegué a deberle a la persona que me alquilaba la casa un año de renta, es decir, la cantidad que arañaba los dos mil dólares, y lo peor del caso era que esta persona laboraba en la misma institución en donde era yo funcionario, entonces esta persona me cobraba todos los días no importando donde yo estuviera o con quien yo me encontrara… ¡era una situación desesperante la que yo estaba viviendo, ya no se diga mi familia! Así estaba mi vida cuando una mañana, un ingeniero que ya falleció, me llamó a su despacho para decirme que un grupo de consultores japoneses vendría a Nicaragua a hacer un estudio y que se escogería a un ingeniero vial que trabajaría con ellos. Yo le dije a esta persona que escogiera al que quisiera, pues yo en ese momento pensaba nada más en cómo resolver el problema financiero que estaba atravesando y ya pendía sobre mí la amenaza de desalojo de parte de la persona que me alquilaba la casa. Fíjense que yo fui el escogido, y es así que paso a trabajar con estos japoneses a otra oficina. Pero ya estando en ese lugar, yo no sentía paz, sosiego, pues estaba tan atribulado con tantas deudas que ya no hallaba qué hacer, ya no aguantaba a los cobradores que llegaban a buscarme en unas motos bulliciosas, me escondía para que no me encontraran… era terrible aquella situación que no se la deseo a nadie. Así estaba mi situación, cuando una tarde hice una oración por escrito en una computadora que yo tenía asignada sobre mi escritorio, y fíjense que a los tres días de haber hecho aquella oración, me mandó a llamar el jefe de la misión japonesa a su despacho para decirme que yo iba para Japón a realizar un posgrado. Sinceramente señores, a mí no me dio frío ni calor esa noticia porque yo lo que deseaba en ese momento era que el japonés me dijera que me estaba entregando un fajo de dólares para que fuera a pagar lo que debía, pero dije yo en mis adentros: ¿Y qué gano yo con este viaje? Fíjense que afortunadamente ellos me enviaron a Japón, y era la primera vez que yo salía de mi país; y hoy entiendo que había un propósito con ese viaje, pues con los viáticos que me dieron pude pagarle a la persona que me alquilaba la casa y que me había amenazado con el desalojo, pagué las tarjetas de crédito, los lugares donde fiaba el guaro, y como siempre, las sobras eran para mi esposa y mis hijas, siempre las dejé en último lugar. Estando en Japón, en vez de tomar una actitud de agradecimiento, una actitud de escarmiento, por haber salido de los problemas hacía unos días antes, allá seguí bebiendo guaro, tal como si no hubiera pasado nada, así era yo de irresponsable y de yoquepierdista. A mi regreso a mi país, inmediatamente en mi trabajo me ascendieron de puesto, me incrementaron mi salario, me asignaron vehículo, celular, viajé a otros países como México, Estados Unidos, Canadá, me concedieron muchas prerrogativas, en síntesis, me dieron a probar las mieles del poder, y eso provocó que mi ego creciera más, me volví más soberbio, más orgulloso, más arrogante, y en mi casa era más prepotente, más vulgar, el ambiente era más desesperante, mis hijas ya no me veían del todo porque yo les decía que andaba trabajando, que estaba en reuniones… ¡mentiras, bebiendo y despilfarrando el dinero es que estaba! Hoy entiendo y reconozco que a mi esposa y a mis hijas les robé el tiempo de calidad que ellas se merecían, no les di amor que ellas necesitaban. Estando viviendo esta situación, llegó el momento en que hubo un cambio de autoridades en la institución donde yo trabajaba, y estas personas llevaron a su personal de confianza lo que provocó que comenzaran a despedir a los trabajadores, y fue así que yo puse la renuncia a mi cargo con prepotencia, vanidad y orgullo porque yo decía que yo no iba a permitir que nadie me pusiera las manos encima, y además que yo poseía un currículum que no cualquiera lo tenía, y me jactaba que había estudiado en Japón y que había viajado a otros países. También expresé con mucha soberbia, que yo poniendo mi renuncia, al día siguiente encontraría un empleo donde a mí se me antojara. Miren señores, a partir de ese día, a mí se me cerraron las puertas, pues empecé a buscar empleo y no pude encontrarlo por espacio de 3 años. Y es así que en este período, ya sin dinero, mi alcoholismo llegó a unos niveles degradantes, como ya no podía comprarme aquel guaro fino que yo bebía, entonces empecé a beber guaro del más barato: guarón, lija, cususa (nombres de aguardientes que se mencionan en mi país), y ya no bebía por gusto sino que bebía guaro por desesperación, pues llegué al extremo de no tener ni para el pasaje de un bus. Y es así también, que ya desesperado al llegar a la casa y encontrarme con sólo problemas, llegué al extremo de agredir físicamente a mi esposa y a mis hijas. Cada vez que mis hijas me pedían algo de comer, yo las agredía; cada vez que mi esposa me decía que hacía falta algo, yo la golpeaba… ¡era desesperante esta situación! Yo lo que hacía era ocultarme en el alcohol para no enfrentar la realidad. A estas alturas mis hijas y mi esposa me corrieron de la casa, ellas no soportaban verme, en ellas habían grandes resentimientos, odios en sus corazones, pero cómo no iban a haberlos si yo fui un salvaje, un verdugo con ellas. Así estaba mi vida sin deseos de seguir viviendo porque yo me consideraba una basura, una lacra, un inepto, cuando una mañana llegó una mujer a invitarme a un desayuno, a que visitara un capítulo de la FRATERNIDAD INTERNACIONAL DE HOMBRES DE NEGOCIOS DEL EVANGELIO COMPLETO; ese día entré a ese restaurante y yo no salí igual de ese lugar porque algo precioso me sucedió esa mañana que es lo que quiero compartirles: Ese día me presentaron ese amigo fiel, que hoy gobierna mi vida, y Él es: JESUS DE NAZARET. Esa mañana yo repetí una oración, y para honra y gloria de mi Cristo Jesús, hoy tengo 4 años de no consumir lo que es una gota de alcohol, de no fumarme un cigarrillo, de haber sido sanado de la diabetes para honra y gloria de Su Santo Nombre, de tener un hogar restaurado completamente por este amigo fiel que es JESUS DE NAZARET, de tener un negocio propio donde Él es mi jefe principal. Hoy tenemos una casa propia en donde se mueve el Espíritu Santo de Dios. Hoy en mi casa ya no se respira violencia familiar, hoy lo que se respira es paz, gozo, alegría, amor que sólo Cristo Jesús nos ha podido dar. Hoy mi esposa, mis hijas y yo le servimos a Cristo Jesús en los capítulos de la FRATERNIDAD INTERNACIONAL DE HOMBRES DE NEGOCIOS DEL EVANGELIO COMPLETO porque estamos eternamente agradecidos por lo que Él ha hecho en nuestras vidas y puede obrar en la tuya a partir de hoy si te dispones a aceptarlo como el Señor de tu vida. Finalmente, sólo quiero pedirte que repitas conmigo esta pequeña oración, allí frente a tu computadora, que fue la que permitió que Cristo Jesús entrara a mi vida: “Padre Celestial, te pido perdón por todos mis pecados. Hoy te reconozco y te acepto como mi Único Señor, Único Salvador y Único Redentor de mi vida. Creo firmemente que moriste por mí en la Cruz del Calvario y que al tercer día resucitaste de entre los muertos. Te pido que hagas de mí la persona que tú quieres que yo sea. Todo esto te lo pido en el Nombre de Jesús. Amén y Amén. ¡Muchas gracias! DAVID GAITAN FUENTES Managua, Nicaragua

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Publicado por: Bart De Wolf , Miembro Vitalicio del Capítulo Siete Mares de FIHNEC El Salvador.
Y les dijo Jesús: “Venid en pos de mi, y haré que seáis pescadores de hombres”. (Marcos 1:17)
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